Estudio y aprendizaje del instrumento (capítulo 2)

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Anteriormente hablamos de la acertada escogencia de los estudios que formarán la base técnica sólida de cada instrumentista. Es un trabajo largo, la completa formación técnica instrumental toma años de dedicación y estudio disciplinado. De la mano de las escalas, arpegios, dobles cuerdas, arco, etc van también un número incontable de piezas, sonatas, conciertos que permiten afianzar en el alumno su formación técnica y musical, y que conforman el amplio repertorio de cada instrumento.

En el caso del piano, el repertorio escrito es tan extenso y completo, que creo necesitamos mas de una vida para conocerlo. No solo es el repertorio del instrumento propiamente, sino tambien la gran cantidad de sonatas, piezas de conciertos, escritas originalmente para otros instrumentos y piano, a esto agreguemos la inmensa cantidad de transcripciones y reducciones de la parte orquestal de los conciertos escritos para casi todos los instrumentos existentes. El tema del repertorio vocal es otro capítulo, ya que ahí hay material para competir con cualquier otro repertorio.

La seleccion de las piezas con las cuales los alumnos comienzan a conocer su instrumento es también muy delicada e importante. Es muy común ver cátedras donde el maestro tiene ya una selección de obras por las cuales deben pasar todos los alumnos. Esto crea una especie de sello de la cátedra, donde se interpreta de una misma forma, sin variaciones. Una manera de reconocer a los “alumnos de…” por su fraseo, por su toque, por la forma de embocadura, por la manera de usar el arco, etc…

Si bien en los inicios se siguen normas comunes a todos los alumnos, a medida que se desarrollan es muy conveniente para el alumno escoger obras que le ayuden a fortalecer primeramente sus debilidades. Esta parte casi siempre es difícil para el alumno, ya que tiene que luchar consigo mismo para superar su punto flaco. Por eso, en compensación, ayuda mucho regalarle una obra donde sus fortalezas se expresen ampliamente.

Por fortuna nuestro repertorio pianístico da para eso y más. Desde las Sonatas de Doménico y Alessandro Scarlatti, pasando por El Clave Bien Temperado, las Suites inglesas, francesas y partitas, toccatas, danzas de Johan Sebastian Bach y su familia, hasta nuestros días, los grandes compositores nos dejaron un legado de obras para satisfacer cualquier necesidad técnica y musical. Y tenemos la fortuna de que aún los compositores modernos siguen escribiendo para el piano, así que hay repertorio para rato largo.

En la enseñanza del piano, las piezas melódicas forman parte del apredizaje del alumno desde el comienzo. Los cuadernos de Ana Magdalena Bach constituyen un primer acercamiento al repertorio pianístico para los principiantes. Son piezas cortas, muy bellas que permiten al niño comenzar a hacer música en el piano. Parte de estas pequeñas piezas han sido transcritas tambien al violín y al violoncello, gracias al método Suzuki, el cual utiliza la estimulación melódica para acercar al niño al estudio mas profundo del instrumento. Hoy en día existen muchos métodos para piano con esta motivación, ya hace mas de 20 años John Thompson publicó una serie de cuadernos de iniciación en el piano, que fueron muy utilizados por diferentes maestros de piano en el mundo.

Reconozco que soy mas apegada a la escuela tradicional, aún cuando me gusta que el alumno conozca estos métodos mas modernos para estimular su amor por el instrumento, pienso que debe ir de la mano de una formación tradicional. Las piezas motivacionales deben ir de la mano de las escalas y arpegios, Hanon, Czerny en sus distintas modalidades, algo así como el postre si te portas bien, esto en cuanto a los principiantes se refiere.

Con los niños vale la pena buscar alternativas para enamorarlos del instrumento, por eso me gusta combinar la metodología moderna de estímulo, piezas melódicas, arreglos de canciones populares con la disciplina de estudio técnico de la escuela tradicional de piano. Sólo por amor al instrumento, el joven músico es capaz de dedicarle el tiempo que se necesita para ser un gran artista. El desarrollo de la personalidad artística de cada intérprete es una tarea que exige ojo clínico por parte del maestro y dedicación del alumno. Habla muy bien de un maestro el que sus alumnos, junto a la formación técnica adecuada, puedan brillar con luz propia, gracias a su acertada guía, y a su fé en la capacidad de cada uno de ellos. Quien lo logre puede dormir tranquilo.

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