La compenetración con el instrumento

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Esta mañana al salir de mi consulta con mi fisioterapeuta, me sorprendí mucho al pasar por el lobby de la clínica y escuchar un piano en vivo. Sin duda no es lo más usual ni lo que esperas encontrar precisamente en una clínica. La novedosa iniciativa pertenece al Hospital de Clínicas Caracas. Pasada la primera sorpresa, decidí quedarme un rato a escuchar al pianista que llevaba a cabo la titánica tarea de tocar en un área pleno de gente que va y viene, y donde el tráfico de la calle se escucha como si estuvieras en medio de los carros. Allí fué donde me conmoví. El maestro, de apellido Cova,abordó temas de canciones populares, temas de películas, con una convicción y pasión pocas veces vista en vivo, considerando las circunstancias nada favorables alrededor. Los colores que escuché de ese piano, eran dignos de las mejores salas de concierto. Por momentos sentí que el instrumento hablaba,y la emoción estaba a flor de piel. Créanme, muy pocas veces he disfrutado de algo así, y debo confesar que no esperaba hacerlo en el lobby de una clínica!

La lección que hoy aprendí fué que lo importante es el mensaje directo al alma que puedas entregar, con una interpretación honesta, sin artificios, sincera.

En el camino de regreso a casa, luego de presentarle mis respetos y admiración al maestro Cova, reflexioné sobre la experiencia.A veces nos desesperamos por acumular la mayor cantidad de repertorio posible, y el de mayor dificultad técnica, lo cual está bien y es una etapa del aprendizaje que debemos vivir. El asunto es no alejarnos de la esencia de la música. Ella es un lenguaje, debe comunicar un mensaje que solo se entiende con el espíritu, con el alma. Siempre he creído que los intérpretes somo conductos de manifestación de la música, y como tal debemos entrar en comunión con ella, entender el mensaje para poder transmitirlo al alma del oyente. Claro que eso lleva una preparación anterior y de mucho tiempo, ahí entra en juego el desarrollo de la técnica del instrumento. Esa es la herramienta, y una vez dominada, debemos pasar al otro nivel, el de la comunión musical. Es fundirnos con la obra que se estudia y permitirle manifestarse a través de nosotros. Debemos tener claro que la técnica está al servicio de la interpretación musical. Cuando llegamos a ese nivel, la calidad de la interpretación pasa a un primer plano. Es cuando podemos dejar una huella imborrable, una interpretación única que queda en la memoria del oyente y por la cual seremos recordados.

Hoy estoy más decidida a disfrutar de mi instrumento, hacerlo una extensión de mi alma, como una forma de comunicarme en un lenguaje más sublime, como solo la música puede presentarse. Como solo el piano puede plasmarlo.

Vilma Sánchez Aff.

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